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18 de Mayo de 2013 | Rafael Mir Jordano

Un diminutivo para el callejero

El callejero de nuestra ciudad da clara idea de su generosidad al parir u acoger, y hacer suyos, a muchos grandes o muy populares personajes; y una amplitud de miras que va desde lo más alto hasta los más cotidiano, como son los oficios; muchos de ellos con calle común: alfareros, bataneros, caldereros, cedaceros, curtidores, especieros, peleteros, tundidores- Hay muchos azulejos con nombres de cardenales, condes, frailes, libertadores, marinos, marqueses, miraflores, músicos, nuestras señoras, obispos, patios, periodistas, reyes. Y mucha santidad: cuarenta y ocho santos y dieciocho santas.

En tierra de toreros es lógico que el callejero esté plagado de ellos: Guerrita, Francisco González Pachón , José María Martorell, José Dámaso Pepete , Lagartijo, Machaquito, Manolete, Manuel Benítez El Cordobés , Manuel Caro El Pireo , Manuel Calero Calerito , Molina Sánchez Lagartijo , Rafael Márquez Mazzantini ; el rejoneador Cañero tiene una plaza (además de un barrio) y una calle, su colega la chilena Conchita Cintrón. Arruza, el torero mejicano, comparte callejero con los toreros españoles, como en su día lo compartió en la corrida pro monumento a Manolete.

Doy una media verónica y sigo.

Hace poco ha escrito John Carlin que un reciente fenómeno "es el de satisfacer la necesidad de pertenencia colectiva a través de un equipo de fútbol". Lo hemos comprobado ha poco cuando banderas españolas y gritos patrióticos brotaban por doquier con motivo de los campeonatos mundial y europeo de fútbol, que nuestro equipo conquistó; el país los había siguido con ansiedad, en multitud unida. Y añado: quizá sea el fútbol lo que evite la separación de Cataluña. Guste o no guste, el fútbol tiene trascendencia. No solo no hay en nuestro callejero ninguna denominación procedente del fútbol nacional, sino que tampoco la hay traída del fútbol cordobés que ha dado jugadores internacionales (Herminio, Reina, Toni, Poli, Paco, Jaén, Verdugo, Jara, Berges-) y un seleccionador nacional (Villalonga), y que si nunca ha tenido un pasado espléndido, sí lo ha tenido brillante. No hay un futbolista en el callejero. No, no se equivoque el lector; hay una calle denominada Tinte, pero no se trata del buen defensa que del Córdoba de tercera pasó al gran Atlético de Madrid (Domingo, Tinte, Aparicio, Riera más Silva, Ben Barek, Escudero, Juncosa-) que yo tuve la fortuna de disfrutar cuando estudiante en Madrid. El Tinte de la calle fue un piconero. Hay que tapar este agujero a prisa. Tenemos la ocasión pintiparada.

La explicaré después de contar una anécdota: fui compañero en Derecho Romano de José Cabrera Bazán, jugador que del Betis pasó al Sevilla, con el internacional Antúnez, y dentro de un gran alboroto sevillano. Este jugador, que fue, luego, abogado, catedrático de universidad y presidente del Tribunal de Cuentas de Andalucía, me decía en Sevilla: "Hay que ver lo bien que juega ese chaval". Se refería a un joven onubense que destacaba en las categorías inferiores del Betis. Se llamaba Juanín, y pronto pasó a ser cordobés por decisión y méritos propios.

Como secretario y asesor jurídico del Córdoba C.F. en primera división, estuve muy cerca de los jugadores y especialmente de su capitán Juanín. El sabía que yo tenía amistad con su suegro Alfonso Luna, titular de un magnífico restaurante situado en una primera planta con vistas a Las Tendillas (tenía la entrada por Gondomar, y había sido antes de dos curas mellizos, los Bruzo). A veces hacíamos tertulia con su hermano Paco, que entonces servía en el pequeñito bar de la calle Torre de San Nicolás, el mejor café de Córdoba, cuando no todo era el mismo o casi igual.

Durante una década fue Juanín el faro del equipo --como digo, en su mejor época--: no solo era el capitán, tiraba y marcaba los penaltis y trenzaba el juego, sino que además muchas veces en los descansos de los partidos se le oía a él, a su gran vozarrón, más que al entrenador, dar consignas: "- al siete, al siete... si lo dejamos que se vaya para adentro nos forma el lío-". Los jugadores escuchaban y los directivos, entre masajes y linimentos, tomábamos café. Retirado, definitivamente afincado entre nosotros, siguió cerca de nuestro equipo; estuvo en la directiva de Oviedo que, al fin, lo subió a segunda división.

Si consideramos la duración de la permanencia activa en el Córdoba CF, la elegancia y eficacia de su juego, su influencia en el colectivo, y su arraigo en la ciudad, no es exagerado considerar a Juanín, como así lo ha sido, el mejor jugador del equipo de Córdoba de todos los tiempos.

Fue una buena persona que dio su vida deportiva a nuestro equipo, se hizo marido y padre cordobés, y en Córdoba ha muerto. Es tan bonito como efímero retirar la camiseta del número ocho; hay que hacer más. Hacer justicia y llenar un hueco de nuestro callejero; con diminutivo incluido: Calle Futbolista Juanín.

Diario Córdoba, 18-5-13

 
 

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